A UN MAESTRO

Como el barro, tus dedos artesanos
les moldean su ser y su conciencia.
Son esponjas que absorben tu experiencia
aprendiendo a vivir entre tus manos.
Es muy dura labor, mas no son vanos
los esfuerzos sin fin, ni la paciencia,
tus alumnos serán tu descendencia,
sembrarás sus principios más tempranos.
Cuando al verlos crecer, día tras día,
y en sus ojos te veas reflejado
sentirás la más íntima alegría.
Y al final de tus años, sosegado,
pensarás que tu vida no es baldía:
Hay personas de bien que tú has forjado.

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